Procesos estéticos: cuándo sí, cuándo no y cuándo es mejor esperar

Hace unos pocos meses en Instagram, surgió el caso de una actriz que se sometió a algún proceso estético no invasivo en el rostro, pero que resultó en una serie de manchas, como quemaduras o algún tipo de lesión, sobre el área de la frente. No comenta qué procedimiento, en concreto, le realizaron; sin embargo, lo que sí expone y deja claro es su obsesión por los tratamientos estéticos, especialmente para el desvanecimiento de manchas, pues su imagen es de suma importancia, así como el mantenerse joven, hermosa y perfecta.

Al escuchar su experiencia, se puede entender que es alguien que lleva años en el mundo de los tratamientos estéticos por los buenos resultados que ha obtenido, por lo que su gusto y afición por los mismos se entiende. Pero aquí entra el dilema de cuándo y cómo parar. Por más benéfico que sea un proceso, sabemos que es necesario dejar descansar la piel, que se recupere y siga sus procesos normales. Un cliente puede querer realizarse tal o cual tratamiento porque vio, escuchó, leyó que es muy bueno y “cree” que es lo que necesita. No obstante, el cliente no siempre tiene la razón en estos casos ya que hablamos de procesos que comprometen su salud en mayor o menor medida, y el cliente no está facultado para determinar si es lo que su piel y organismo puede tolerar y llevar a buen término. 

En este caso, si bien la actriz acepta su obsesión por los tratamientos estéticos, también es cierto que no es un proceso que se realizara sola en casa con sus propios equipos. Aquí es donde entra la acción de los profesionales de la belleza, la estética y la salud para poder dar luz verde o contener a su paciente para evitar que se ponga en riesgo. No tenemos más información del contexto en que se realizó el último y fatal proceso, pero sí tenemos los resultados tan negativos que se dejan ver en forma de lesiones. 

Cualquier procedimiento o tratamiento médico-estético, supone un cierto riesgo para la salud del paciente, que puede ser mínimo, como alguna pequeña irritación o molestia temporal, hasta heridas graves o quemaduras. Además de que, de manera interna, puede no tener el resultado deseado y, más bien, alterar o trastornar el organismo. Por ello, siempre se debe realizar un correcto diagnóstico previo integral, del cual, no sólo se va a obtener la historia clínica del paciente, sino también, con ello se podrá determinar cuál es el protocolo adecuado para su necesidad real.

Muchas veces, los pacientes sólo están enfocados a los resultados que sueñan tener que no se detienen a pensar si esa es la necesidad real de su piel o cuerpo, y si ese es el tratamiento adecuado. Y, desgraciadamente, muchas veces también, los profesionales no son capaces de identificar correctamente el tipo de paciente y su necesidad real, y acceden a lo que éste les pida sin poner en práctica, realmente, su labor profesional.

Aun cuando el proceso no sea invasivo, debemos recordar que cada cuerpo es diferente y diferente será su reacción, por lo que es un gran error pensar que el mismo tratamiento, llevado a cabo de la misma forma siempre, funcionará a todos por igual.

Es de gran importancia recopilar los datos pertinentes sobre los antecedentes de salud del paciente con la finalidad de evaluar las mejores opciones que conduzcan al mejor resultado. Además, es necesario generar un vínculo de confianza con tu paciente, brindándole un espacio seguro para que exprese todas sus dudas e inquietudes, y así lograr una óptima atención personalizada, aspecto de gran relevancia para hacer sentir más cómodo al paciente.

Al realizar una evaluación o diagnóstico previo integral se debe determinar el estado de salud del paciente mediante los exámenes necesarios que lo corroboren, pues estos exámenes serán cruciales al momento de determinar los riesgos en caso de cualquier anomalía, sobre todo, cuando el proceso será invasivo o de mayor choque para el cuerpo.

Con base en el diagnóstico obtenido, se podrá recomendar el tratamiento y protocolo adecuado y conveniente a cada paciente. Es importante saber diferenciar entre las expectativas del paciente y la realidad particular de su condición de salud, es decir, hasta dónde alcanzará su resultado deseado, en cuánto tiempo y bajo qué circunstancias y nuevos hábitos esos resultados serán posibles y duraderos.

De ser necesario, se deberán reorientar los resultados inicialmente propuestos y explicar al paciente la razón: por motivos de salud, riesgo, edad, alergias, etc., de manera que no se sienta defraudado ni desanimado y, más bien, comprenda que, antes que cualquier mejora estética, su salud deber ser su prioridad, así como lo es para el profesional que le atiende.

Un cliente que se cuida y valora acudirá siempre a expertos y profesionales que cuenten con todas las credenciales que respalden su formación y experiencia. Igualmente se dirigirá a espacios certificados y acreditados ante las autoridades sanitarias y las normas oficiales vigentes. Bajo estas circunstancias es que se desarrolla un verdadero profesional de la belleza y la salud, puesto que conoce y pondera el riesgo y las graves consecuencias en la salud dermocosmética que puede suponer un tratamiento mal aplicado o aplicado bajo un diagnóstico incompleto o incorrecto.

Para poder garantizar un proceso seguro y efectivo es vital realizar un diagnóstico completo y correcto, según el cual, se establece el protocolo médico-estético ideal, según cada caso.

Recordemos que no hay nada como el ser honestos en cuanto a la viabilidad de uno u otro proceso según la condición y edad del paciente, así como el poder decir “por ahora no es lo más conveniente” a fin de evitarle daños a él mismo y daños a la imagen y reputación de los profesionales médico-estéticos y los centros de belleza en los que laboran. No porque el cliente pague, significa que tiene la razón y puede exponerse a daños pasajeros o permanentes sin ser siquiera advertido de ellos. Retomando el caso expuesto al inicio, si bien la actriz pudo ser muy insistente en su afán de hacerse otro procedimiento, queda la duda de qué hicieron los profesionales que la atendieron y por qué hicieron caso omiso de su historial de procesos estéticos llevándola a correr un gran y obvio riesgo por lo tratada y sensible de su piel. Al menos eso es lo que puede deducirse a pesar de que ella en ningún momento habla al respecto, y asume su responsabilidad. 

Finalmente, nunca hay que olvidar o pasar por alto poner cuidado en la elaboración del diagnóstico e historia clínica de cada paciente, pues eso te llevará a crecer y mejorar en tu labor profesional y serás pieza fundamental de grandes cambios de vida para quienes ponen su salud estética en tus manos. 

¿Qué experiencias relacionadas al diagnóstico previo has tenido con tus pacientes? ¡CUÉNTANOS EN LOS COMENTARIOS!

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