Y SE HIZO LA LUZ…

Actualmente, y sobre todo debido a los últimos eventos que hemos vivido a nivel mundial, en el campo de la aparatología médico-estética la tendencia ha virado hacia los sistemas de Wellness y los protocolos que, más allá de sólo ocuparse en el cambio y mejora externa, motiven a nuestros usuarios y pacientes a trabajar a un nivel más profundo, cambiando incluso aquellos hábitos que puedan estar desgastando la salud.

Por “sistemas Wellness” nos referimos al electromagnetismo, frecuencias y luz, pues el cuerpo humano, como ser orgánico, es frecuencia y un campo en el que existen frecuencias en constante movimiento y que nos permiten realizar procesos con luz y conectar con la luz.

Las células de nuestro organismo son sensibles a la bioestimulación por luz y por color como lo que sucede en procesos de Cromoterapia, en la que también existe una modulación celular, además de ayudar a recobrar el equilibrio orgánico -y hasta emocional- para favorecer el bienestar de cuerpo y mente. 

Actualmente, la cromoterapia está reconocida por la OMS como una terapia alternativa de sanación gracias a que se aplica con determinadas longitudes de onda y determinados colores, mismos que determinan la profundidad de penetración subdérmica que puede alcanzar la luz, lo que la vuelve un complemento de tratamiento de bienestar. Estas características están dadas de acuerdo con las características propias que tienen las células y tejidos para absorber la energía de la luz, y sólo al ser absorbida tendrá efectos fotobiológicos.

A nivel mental y emocional, el color despierta sensaciones y estados de ánimo que, dentro del Wellness, se utilizan en favor del paciente para mejorar su sistema y funcionalidad de cuerpo y mente, puesto que la luz se compone de ondas (radiación electromagnética) y corpúsculos (fotones), que es recibida por nuestras células. A su vez, nuestras células emiten luz de baja intensidad, un hecho fundamental para comprender nuestra evolución biológica.

Cuando se recibe cromoterapia, que llamaremos biofotónica, la luz actúa en procesos de excitación molecular modificando sus niveles energéticos, haciendo posible gran cantidad de reacciones bioquímicas.

Nuestras células absorben la luz gracias a los cromóforos (citocromo, porfirina, flavina) que son moléculas capaces de absorber la luz. La podemos encontrar en células vegetales y animales. De ahí se desprenden prácticas terapéuticas dentro de la fotomedicina como lo es la fototerapia con luces azules que se aplica a bebés recién nacidos con ictericia, esto es, un exceso de bilirrubina en su organismo, el cual les da una apariencia amarillenta en la piel y los ojos.

Los equipos de aparatología que trabajan con luces de diferentes colores y frecuencias de onda cuentan con programas específicos y predeterminados, los cuales están diseñados para tratar alguna condición específica también gracias a las propiedades intrínsecas de la luz, ondas y colores. 

Igualmente, los equipos de láser de baja intensidad trabajan con los principios básicos de aplicación y sanación de la fototerapia biofotónica. La luz led o láser utilizados para tratamientos de biofotónica no produce calor excesivo ni tiene riesgo de quemaduras internas o externas. 

Atacar alguna condición de la piel o complementar algún tratamiento facial y corporal con un equipo de luz (biofotónica o láser) siempre va a mejorar y, sobre todo, acelerar o activar los procesos naturales del cuerpo, procesos como la cicatrización, desinflamación, despigmentación y regeneración celular. Estos equipos no son invasivos ni ponen en riesgo a tus pacientes.

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